source : http://argonauta.revues.org/83


Consuelo Miqueo, « Función de la prensa médica española en la difusión de la médecine physiologique (1820-1850) », El Argonauta español [En ligne], 8 | 2011


RESUME

Cet article analyse la presse médicale comme un genre nouveau dans la littérature scientifique (l’article de revue) et comme un moyen de communication professionnel notamment parmi les médecins ruraux qui aspiraient à transformer leur profession en une activité scientifique. Cette étude s’intéresse concrètement à la diffusion du broussisme en Espagne. La médecine physiologique de François Broussais (courant hétérodoxe de la médecine anatomoclinique) a été l’objet de la plus importante polémique scientifique de la première moitié du XIXe siècle, polémique qui s’est exprimée et a été débattue bien plus dans la presse médicale que dans le livre. Le dépouillement systématique des journaux médicaux espagnols publiés entre 1820 et 1850 offre une image précise de l’histoire de la naissance et de la mort du broussisme, ainsi que du contexte social et politique dans lequel ce nouveau mode de communication scientifique a pris corps et s’est développé.


Plan

  • La contribución de la Médecine Physiologique de FJV Broussais en su contexto
  • La exitosa difusión de los libros de François Broussais
  • 1820-1833 : introducción del brusismo
    • Periódico de la Sociedad Médico Quirúrgica de Cádiz (1820-1826)
    • Periódico de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña (1821-1822)
    • Décadas Médico-Quirúrgicas (1821-1828)
    • Diario General de Ciencias Médicas de Barcelona (1826-1832)
    • Cartas Médico-Quirúrgicas y Repertorio Médico Extranjero (1827-1835)
  • 1834-1839 : la decadencia del brusismo
    • Gaceta Médica (1834-1835)
    • Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia (1834-1854)
  • 1840-1849 : el olvido del brusismo
  • Conclusiones sobre el papel del periodismo médico en la difusión de novedades científicas y configuración de prácticas profesionales clínica

PREMIÈRES PAGES

El periodismo fue sustituyendo al libro y a la correspondencia epistolar como medio de comunicación de novedades científicas a partir del siglo XVII. El abandono del criterio de autoridad propio de la ciencia clásica y aceptación de la comprobación experimental como criterio de verdad produjo un extraordinario florecimiento de investigaciones y descubrimientos puntuales, que exigió un medio más rápido y constante de comunicación que el libro. Dado que los científicos fueron agrupándose en amplias sociedades, las publicaciones periódicas parecían el instrumento natural para informar de sus periódicas sesiones de trabajo y presentar sus continuos descubrimientos, en los que también estaban interesados otros grupos de científicos que trabajaban alejados geográficamente. El periodismo fue consolidándose a lo largo del siglo XVIII hasta convertirse en el medio normal de comunicación científica en el siglo XIX.

En España, por su propia dinámica política y social, este proceso, como otros muchos propios del desarrollo de la ciencia, se produjo más tardíamente que en otros países, y concretamente en medicina este salto no se daría plenamente hasta el tercio final del siglo XIX. No obstante, aún con características propias del siglo anterior, hubo periodismo médico en España en la primera mitad del XIX, siendo sus características principales el escaso número de revistas, su escasa pervivencia, la discontinuidad en su publicación y el ser órganos de expresión de instituciones científicas o, más frecuentemente, estar promovidas por un solo hombre o un grupo muy reducido de allegados

Nuestro estudio ha tratado de observar cómo empezaron a utilizarse las revistas para difundir novedades científicas y cohesionar grupos profesionales e instituciones científicas y cómo, o hasta qué grado, se usaban para construir y discutir las nuevas pautas de práctica clínica que implica toda novedad médica, sin dejar de preguntarnos por la interacción del poder y ese « nuevo medio de comunicación » científica en el periodo en que centramos nuestras observaciones. En concreto, hemos analizado el papel que tuvo el periodismo en la difusión de la nueva y revolucionaria doctrina médica creada en Francia por F.J.V. Broussais (1772-1838). En este caso, como veremos, la inestabilidad política del momento, el rechazo académico y censura gubernamental de esta doctrina y la peculiar polémica profesional generada en España son variables que sostenemos no reducen sino que validan la universalidad de las conclusiones aportadas sobre la función social del periodismo científico en esta época inicial.

El método de análisis de las revistas médicas ha sido distinto según el periodo cronológico considerado. Con el objeto de detectar cualquier manifestación de la medicina fisiológica o brusista, fue preciso realizar la lectura sistemática, página a página, de todos los artículos publicados en las dos décadas centrales del estudio (1820-1840), en las que era evidente la influencia de esta doctrina, porque los índices de las revistas resultaron ser insuficientes, pues no indicaban en muchos casos las reseñas bibliográficas, notas y noticias, ni el nombre y apellidos de los autores de los artículos. Por otra parte, el elevado número de revistas de la última década, la dificultad de localizar muchas de ellas y, sobre todo, los resultados obtenidos en la revisión de las publicadas entre 1820 y 1840, así como el conocimiento de las etapas de influencia del brusismo en Francia y el declive de la publicación de libros brusistas en España, aconsejaron realizar una recuperación más selectiva de la información recurriendo a los índices de las revistas accesibles de la última década 1840-1850.

Con esta investigación logramos conocer algunos hechos relevantes para la comprensión del fenómeno de la difusión, recepción y asimilación de la médecine physiologique en España. Hemos determinado la evolución cronológica del proceso y el papel jugado por el periodismo (a diferencia de los otros medios de comunicación científica como los libros o los diccionarios) en la difusión e importación de esta novedad francesa. También hemos aclarado el valor de uso de la prensa médica para la comunicación de la experiencia práctica clínica, constituyendo (es nuestra conclusión) la mejor fuente de información de la peculiar asimilación práctica clínica de la medicina fisiológica que hicieron los médicos españoles, en su mayoría instalados en el ámbito rural, es decir, fuera del ambiente hospitalario que fue el escenario imprescindible para la investigación revolucionaria de su época, la correlación anatomo-clínica.

Las revistas médicas guardan memoria de las novedades y polémicas científicas de hace dos siglos, pero también del lento e interesante proceso de formalización del artículo científico o del proceso de institución del nuevo método de investigación clínica2 y , por supuesto, de la irrupción del periodismo en la vida cotidiana de muchos médicos rurales que se lanzaron entusiasmados a la nueva « red » de comunicación periódica que les llegaba con puntualidad (si no mediaban las temidas censuras y prohibiciones gubernamentales) cada semana o cada mes por correo postal. Este es el contexto histórico del que hablamos. El médico titular de Concurbión (Galicia), José Varela Montes, que en aquel momento de 1823 era un recién licenciado en la Cátedra de Clínica de Madrid pero llegaría veinte años después a ser un reputado médico por sus trabajos de fisiología y antropología médica, lo expresaba elocuentemente:

« Acabo de recibir los últimos números de su apreciable periódico, que me es tan satisfactorio como pudiera sérmelo la compañía de un instruido amigo, que aclarase algunas dudas que en mi práctica se me puedan ofrecer, y que tranquilizase mi espíritu relativamente a la exactitud o inexactitud de mi conducta clínica »


La contribución de la Médecine Physiologique de FJV Broussais en su contexto

El brusismo participó de la rara condición de ser el último de los « sistemas » médicos en la historia de la humanidad y contribuir (sucesivamente) a la definitiva ruptura con la tradición médica, a la cristalización del movimiento anatomoclínico en Francia y al surgimiento del movimiento fisiopatológico en Alemania, dos pilares que fundamentan todavía hoy la patología y la clínica médica

La trayectoria biográfica de François Broussais (1772-1838) influyó tanto en la construcción de su teoría como en su difusión y éxito internacional. De origen bretón e hijo de un médico rural, Broussais apoyó con decisión la revolución de 1789. Se formó tardíamente en París (tenía 26 años) junto a los grandes de la época : Bichat, Pinel, Chaussier y Cabanis. Después de obtener la licenciatura, viajó por casi todos los países de Europa como cirujano militar del ejército napoleónico (en España estuvo cinco años), hasta instalarse definitivamente en Francia en 1814 como profesor de la Escuela Militar del Val-de-Grâce de París. Tras sus primeros alegatos fisiologistas con la publicación de su obra L´Examen des doctrines médicales généralement adoptées (1816) comenzaron los enfrentamientos con Pinel, Laennec, Bretonneau, Louis, etc. que irían arreciando con el tiempo. Tuvo tanto éxito como profesor que muy pronto necesitó trasladarse a locales más amplios para acoger a la multitud de jóvenes discípulos. Dirigió durante trece años una revista mensual Annales de la Médecine Physiologique (1822-1834). Publicó numerosos libros en los que expresó su nueva « Médecine Physiologique », concebida para todas las áreas de la medicina : Fisiología, Patología, Terapéutica y Psicología. A lo largo de la Restauración Monárquica (1815-1830) fue un auténtico líder de la oposición liberal republicana, y la revolución de 1830 le abrió las puertas de la Facultad de Medicina, donde fue profesor de Patología General y Terapéutica hasta su muerte en 1838.

No es casualidad que el principal escenario de la cristalización de la mentalidad anatomoclínica fuera la Francia posrevolucionaria : París se convirtió en el centro indiscutible de la nueva patología y de la nueva clínica. Muy diferente fue la trayectoria del resto de Europa, a excepción de Gran Bretaña. La medicina inglesa desarrolló dos orientaciones ya tradicionales en su país (el empirismo nosográfico y la investigación anatomoclínica) muy relacionadas y muy próximas a las que regían en Francia ; mientras, en el mundo germánico seguirían siendo predominantes las tendencias especulativas, particularmente la inspirada en la Naturphilosophie. Por su parte, Italia, sumida en un periodo de transición lleno de contradicciones, dejó de ocupar un puesto privilegiado en el contexto general de la medicina europea. Y España y Portugal atravesaron durante esos años una profunda crisis en todos los órdenes. En estos tres países latinos, el proceso científico de mayor interés histórico fue la asimilación, más o menos temprana y exigente, de la nueva medicina francesa.

En la historia de la ciencia española, esta época constituye un periodo de catástrofe porque no pudo consolidarse lo conseguido durante la Ilustración. Es un tópico afirmar que entre 1808 y 1833 la información de lo que se hacía en Europa era escasísima, no se lograban publicaciones científicas y era difícil adquirir libros extranjeros. Las obras de los científicos que permanecieron en España quedaron interrumpidas, siendo los exiliados los únicos que pudieron desarrollar su obra en estrecho contacto con las orientaciones de la ciencia europea ; de hecho, los pocos que descollaron algo dentro de la propia España vivían en un medio excepcionalmente relacionado con Europa como era el Cádiz de la época o, más frecuentemente, se habían formado en el extranjero5. Este fue el caso del afrancesado Manuel Hurtado de Mendoza (1785-1849), formado en el Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid y exiliado a París, donde se formaría en la metodología científica más avanzada del momento, convirtiéndose en un extraordinario publicista médico y, tras su estrecha relación profesional clínica con François Broussais, en un impulsor de la « medicina fisiologista » a su vuelta a Madrid en 1818

El sistema médico de Broussais, aunque aparentemente simple, resulta difícil presentarlo de modo que sea comprensible para nosotros, de cuenta de su complejidad y nos permita entender la polémica y admiración suscitadas. Las investigaciones de F. Broussais sobre las enfermedades crónicas (que ni el maestro Philippe Pinel quiso abordar por su extrema dificultad), realizadas durante los primeros años de su actividad profesional, fueron unánimemente reconocidas por sus coetáneos (y por toda la historiografía posterior) como las realmente valiosas para el progreso de la ciencia médica. El desarrollo de su teoría general de la enfermedad (la que se daría a conocer como la doctrina o el sistema brusista y la que se difundió más rápidamente en España) fue posterior y llegó a ser denostada por muchas de las grandes figuras de la medicina francesa que habían acogido tan bien sus primeras contribuciones. Este desarrollo teórico se fundamentaba en sus primeras observaciones sobre enfermedades crónicas, a partir de las cuales elaboró lo que constituyeron sus dos hipótesis nucleares : que la evolución natural de todas las enfermedades es la cronificación y la extensión espacial, en el organismo, de procesos que siempre son inicialmente locales (es decir, cronificación natural de las disfunciones o alteraciones funcionales invisibles), y que la lesión inicial se localiza con mucha frecuencia en la mucosa gastrointestinal (siendo en su origen no una lesión o alteración anatómica sino una alteración fisiológica de carácter meramente funcional).

Los cuatro enunciados que constituyen el núcleo duro del brusismo, en el sentido popperiano, son los siguientes : 1) las enfermedades son irritaciones, es decir, aumentos de la sensibilidad y de la contractilidad de la mucosa gastrointestinal provocados y sostenidos por los diversos estimulantes vitales ; 2) estas irritaciones provocan según su intensidad una alteración o modificación de las funciones de parte del cuerpo donde se producen, pero también de las partes afectadas por efecto simpático (similitud histológica) ; esta disfunción es la causante de la desorganización morfológica (lesiones) observable en las autopsias y de los síntomas observables en la clínica ; 4) la actuación terapéutica ha de ser inmediata y estar dirigida a la disfunción primitiva y ha de basarse en los remedios anflogísticos.

El elemento más criticado por la historiografía es la terapéutica, considerada excesivamente sanguinaria. Es fácil leer que la terapéutica brusista costó más vidas o más sangre a Francia que las guerras napoleónicas. El enfrentamiento con la teoría brusista se realizó a varios niveles y desde supuestos teóricos muy diferentes, pero la propuesta que hizo correr más tinta y pasión fue la terapéutica. Era, sin duda, el terreno de la práctica clínica en el que cualquier médico podía tener su experiencia y su opinión ; también el lugar concreto en el que validar o refutar esta teoría general patogénica de la enfermedad.

Podemos resumir en pocas palabras la terapéutica de la médecine physiologique diciendo que es racional o coherente con sus supuestos patogénicos, radicalmente intervencionista y alopática, optimista en cuanto a los resultados, antiespecífica y que juega un papel epistemológico de verificación de las hipótesis diagnósticas. El objetivo del tratamiento brusista era incidir sobre la congestión morbosa o la inflamación de la zona afectada que es la « lesión primaria » de casi todas las enfermedades. El médico brusista desconfíaba de los esfuerzos de la naturaleza por librarse de la causa o materia morbosa y consideraba peligrosas las « crisis », por lo que proponía una actuación terapéutica inmediata y de carácter causal o patogénico dirigida a la irritación local primitiva o, en su defecto, a la irritación simpática (distante). Por otro lado, dado que la mayoría de las enfermedades se producen (según esta teoría) por un exceso de irritación, la acción medicamentosa buscada será antiflogística.

Los medios terapéuticos antiflogísticos tradicionalmente utilizados eran de cuatro tipos, según su mecanismo de acción : debilitantes, revulsivos, tónicos y estimulantes. Los únicos admitidos dentro de la teoría brusista como los verdaderos « antiflogísticos directos » fueron los debilitantes. Los tipos de debilitantes propuestos, básicamente, fueron : 1) la sangría, 2) la abstinencia o la dieta moderada en cantidad o suave en su contenido, y 3) las bebidas refrigerantes, emolientes y aciduladas. No obstante, la teoría brusista afirmaba que el antiflogístico más eficaz de todos es la sangría


La exitosa difusión de los libros de François Broussais

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