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Dos paradigmas de modernidad en el Santiago de Cuba decimonónico. Grabado y fotografía franceses | Palacio del Segundo Cabo

Dos paradigmas de modernidad en el Santiago de Cuba decimonónico. Grabado y fotografía franceses | Palacio del Segundo Cabo

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Palacio del Segundo Cabo – CENTRO PARA LA INTERPRETACIÓN DE LAS RELACIONES CULTURALES CUBA-EUROPA

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L’immigration française a contribué à canaliser le processus de modernisation dans toute la société santiagoise

Dos paradigmas de modernidad en el Santiago de Cuba decimonónico. Grabado y fotografía franceses

EXTRAITS

La inmigración francesa asentada en Santiago de Cuba desde fines del siglo XVIII, luego de la revolución de Saint Domingue, y consolidada como una pujante colonia en las tres primeras décadas de la centuria decimonónica, fomentó, difundió sus costumbres y contribuyó notablemente a canalizar el proceso modernizador en toda la sociedad santiaguera. De manera que su savia, el nuevo modelo de vida que irradió, así como las novedosas formas de comportamiento que aportaron, han llevado a decir a historiadores como Juan Pérez de la Riva que “sólo la región oriental conservó una población francesa compacta y durable que impuso su lengua y modo de vida”. Mientras, el destacado intelectual José Antonio Portuondo aseveraba que impuso un “[…] ambiente de refinada cortesía [que] fue desbravando la parda adustez de la colonia y fue naciendo en el ánimo propicio del criollo una manera más alta de sensual refinamiento”.

En esas oleadas arribaron personas con disímiles profesiones, algunos dedicados a diversas manifestaciones de las artes plásticas, quienes coadyuvaron a impulsar su práctica y desarrollo. Para ello, además de los talleres y las escuelas privadas, fueron inauguradas numerosas academias, hasta fundar la Academia de Dibujo Natural Príncipe Alfonso (1859). Dirigida inicialmente por Buenaventura Martínez, en ella se hicieron patentes los cánones del academicismo de influencia europea, fundamentalmente francesa y española, en temas como el paisaje y el retrato los cuales marcaron el quehacer de los pintores santiagueros del siglo, entre ellos: Joaquín Cuadras, Baldomero Guevara (Merito), José Uranio Carbó, Federico Martínez Matos y Félix y José Joaquín Tejada Revilla.

Uno de los rubros privilegiados fue el grabado, el cual ha llegado a la actualidad como una de las manifestaciones con mayor solidez, creatividad artística y con características muy propias que permiten hablar de una escuela santiaguera en esta manifestación, aún por estudiar en toda su magnitud.

Un instrumento relevante para la promoción y desarrollo de la litografía y otras artes de impresión fue la prensa, a partir de los anuncios publicitarios que además del texto incorporaban imágenes, algunas de una calidad artística indudable. En Santiago de Cuba El Diario Redactor , desde inicios de la década de 1840, sostuvo un espacio para la publicidad. Era, en términos actuales, un potente dinamizador subliminal que determinaba que sus potenciales consumidores fijaran algunos productos, al subrayar su eficacia y las ventajas que obtendrían al comprarlos.

Por su parte los establecimientos dedicados a la comercialización de ropas se valieron de las posibilidades de las ilustraciones como forma de promoción. Un ejemplo fehaciente, lo encontramos en el reconocido sastre francés Augusto Arnoult, quien supo aquilatar la importancia de la imagen como forma de promoción; por ello contrató los servicios del litógrafo G. Chavrol de Burdeos, para que le estampara los comprobantes de recibo de la mercancía. Tal acción es indicativa del constante intercambio con la ciudad francesa, potente en su desarrollo cultural y con una escuela pujante de grabado.

El cartógrafo y miniaturista Luis Francisco Delmés, establecido en Santiago de Cuba en 1832, tuvo una academia de dibujo de pintura y grabado, con diferentes ubicaciones dentro del tejido urbano local, grababa armas, bastones, cristalería, de manera que su quehacer contribuyó al impulso modernizador de las costumbres y las maneras de vivir de los santiagueros decimonónicos. Sus planos, realizados en 1833, 1840, 1845, 1856, 1857, 1858, 1860 y 1861, resultan elocuentes por la minuciosidad extraordinaria con las que recrea la ciudad y sus principales edificaciones.

También practicaban este trabajo los litógrafos Emilio L. Lamy y Carlos Collet. Ambos recorrieron en 1861 el Departamento Oriental con el propósito de dibujar y litografiar distintos lugares de esta vasta región. El periplo dio por resultado la publicación, en noviembre de 1862, del Álbum pintoresco del Departamento Oriental de la Isla. Colección de vistas de ciudades, villas, pueblos, ingenios, cafetales y paisajes, influido por el Álbum Isla de Cuba pintoresca dibujado y litografiado por el bordelés Federico Miahle que fuera realizado dos décadas antes en La Habana.

El Álbum pintoresco del Departamento Oriental de la Isla, fue una obra de inspiración romántica y mostraba una portada lujosamente cromolitografiada, lo cual es indicativo del adelanto de su taller litográfico, a la altura de los habaneros que habían introducido en 1860 las máquinas procedentes de Francia para la realización de este tipo de reproducción. Contenía 32 litografías, cuyas vistas principales se correspondían con el paisaje geográfico y social de la Isla, al incluir las ciudades de Santiago de Cuba, Manzanillo, Baracoa, Nuevitas, Camagüey, Gibara, Holguín, Las Tunas y El Cobre “y demás pueblecillos pintorescos. Los ingenios, cafetales y paisajes serán los más importantes y pintorescos”.

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Au sein du processus de syncrétisme culturel vécu, la composante française (fut) essentielle dans l’identité de la ville et pas seulement un ingrédient parmi d’autres


Los ambientes domésticos y su decoración

La casa santiaguera en el siglo XVIII tendía a la sobriedad y al empleo de muebles y otros objetos con fines más utilitarios que decorativos. En tanto, la alta sociedad santiaguera, informada por medio de los viajes y la lectura de los cambios que ocurrían en el mundo occidental, mostró en el paso al siglo XIX una predisposición a mejorar los ambientes de sus residencias.

La incorporación, a las viviendas, de obras pictóricas, artes decorativas, reproducciones litográficas y más adelante las técnicas de la fotografía, provenientes por lo general de Francia, constituyó también signo de jerarquía social y refinamiento. El afán por adquirir obras artísticas se debía más a factores de moda o de ostentación como clase social, que a un verdadero sentido de apreciación, análisis y deleite.

No existían grandes colecciones particulares, a juzgar por la cantidad de obras presentes en los inventarios, pero sí con claves temáticas diferentes a las de orden religioso existentes desde el siglo XVIII y algunos pocos retratos. La convergencia en un mismo inmueble de obras de diferentes facturas y temáticas, indican la pluralidad de miras en las que se movía el pensamiento del patriciado local. Las extensas paredes de las viviendas constituyeron el marco apropiado para su exhibición. Los temas favorecidos fueron el retrato, los paisajes, las escenas bucólicas y galantes, la historia, asuntos mitológicos y religiosos, con predominio, desde el punto de vista estético, de las escuelas neoclásica y romántica.

(…)

La presencia francesa en Santiago de Cuba durante las primeras seis décadas del siglo XIX, suscitó un acelerado proceso de transformaciones en la vida cotidiana de sus grupos dominantes. Si bien otras ciudades cubanas asimilaron también comportamientos y modas de ascendencia francesa por ser precisamente Francia el centro artístico cultural más importante del mundo en aquel lapso, fue aquí donde la influencia gala resultó más significativa en Cuba, justamente por el carácter, cantidad, composición, procedencia e impronta dejada por esa inmigración aquí. Ello ha posibilitado que dentro del proceso de sincretismo cultural experimentado, el componente francés sea fundamental en la identidad de la ciudad y no un ingrediente más.


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