source : https://journals.openedition.org/etudesromanes/5119

Si la América española es, por la sangre la hija de España, por el pensamiento ella es la de Francia. El espíritu de la grande nación latina ha formado la mentalidad del Nuevo Mundo hispano, inculcándole sus ideas, sus gustos, sus aspiraciones superiores.


Pierre Lopez, « Encuentros y desencuentros de la cultura francesa en el campo literario ecuatoriano de los años 1920-1930 », Cahiers d’études romanes, 32 | 2016, 43-55.


RÉSUMÉ

L’Équateur du début du XXe siècle connaît un processus de « modernisation » ou de rénovation esthétique dans le domaine littéraire qui donne lieu à une valorisation critique des influences européennes. D’une manière plus précise ce processus de « modernisation » se concrétise par l’émergence de plusieurs revues littéraires nées dans les années 1920 dans tout le pays andin, ainsi que par le besoin de s’ouvrir au monde en organisant un réseau d’échanges de revues latino-américaines et européennes (espagnoles et françaises). Les liens entre la France et l’Équateur furent jusqu’alors très étroits grâce notamment à la fascination qu’exerça la culture française parmi une certaine élite équatorienne. Ces liens se maintiennent sous la forme d’un réseau de « correspondants » qui seront les nouveaux acteurs de la création littéraire et artistique équatorienne des années 1920 et 1930. Ces « correspondants » dans et hors du pays andin vont nourrir le débat sur la place que doit occuper l’Art dans un contexte social et politique en mutation. De nouveaux concepts théoriques politiques, artistiques mettent en exergue la nécessité de trouver une voie esthétique plus idoine avec le contexte équatorien, plus ancrée dans une réalité « propre » aux années 1930. Ce débat donne lieu à des controverses, des contradictions, des radicalisations qui révèlent une politisation chaque fois plus accrue du champ littéraire, un champ littéraire agité par des processus d’intégration et d’exclusion, d’engagements et d’oppositions.


 
TEXTE INTEGRAL

Ecuador conoce en las tres primeras décadas del siglo XX un auge en las creaciones de revistas literarias con corresponsales presentes en las capitales europeas, más bien en París y Madrid los cuales envían reseñas, traducciones, artículos sobre exposiciones, vanguardias etc… en revistas ecuatorianas como HéliceAntorchaCaricaturaClaridad…, revistas que se imponen en el panorama cultural estableciendo así competencia con revistas más conservadoras.

Al principio las revistas eran muy volcadas en el modernismo, así como en el Simbolismo nacional e internacional pero no sólo ello ya que se evocan a las vanguardias europeas y continentales haciendo de estas nuevas propuestas estéticas la muestra de las nuevas tendencias en América pero sobre todo en París. En la primera década, las referencias a los autores como Lautréamont infundían más bien una dimensión internacional a la revista. Podemos evocar la revista Letras por ejemplo, sin que tal referencia signifique un verdadero planteamiento profundo sobre la dimensión revolucionaria que suponía tal propuesta. Como lo precisan María del Carmen Fernández y Humberto Robles sólo a raíz de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa se valoran con más alcurnia y profundidad a las nuevas propuestas literarias planteando también su dimensión política. El semanario quiteño Caricatura (1918-1921) integra esta apertura y este ahondamiento político en las propuestas estéticas, las páginas hacen compartir estudios críticos sobre autores franceses como Rimbaud, Lautréamont, Max Jacob, Proust, Apollinaire con autores latinoamericanos como Huidobro, así como proclamas: «Viva el Bolshevikismo» o «viva el socialismo». Estas proclamas se integran como llamamientos y ecos directos de París propuestas por Henri Barbusse y Anatole France dirigidas «A los intelectuales y estudiantes de América Latina» y se promulga así una dimensión política al Arte. Como lo precisa María del Carmen Fernández tomando el ejemplo de la revista Caricatura:

El espíritu de rebeldía que movía a los colaboradores de Caricatura y que hizo perfectamente compatibles la aceptación de la experimentación formal y la de la revolución política, merece ser tenido en cuenta, pues sólo posteriormente estos dos aspectos comenzaron a separarse y a ser considerados contradictorios.

Se verifica esta evolución en muchas revistas o en la muerte de algunas de ellas también, consideradas como «escaparate» de un vanguardismo triunfante demasiado cosmopolita y ajeno a preocupaciones nacionales sociales y políticas. Pero la compatibilidad entre revolución formal en los experimentos estéticos y revolución política y social nace también en Europa o en América de un planteamiento sobre la evolución y la valorización del Arte en sí.

En las revistas de ambas orillas se plantea entonces un poco como a modo de balance el devenir del Arte en un momento en el que se impone la ciencia y la idea de progreso como imperantes, por lo menos hasta 1929. Las ideas de José Ortega y Gasset en sus «Meditaciones del Quijote» (1924) e «Ideas sobre la novela» (1925), reflexiones en este último artículo en el que pone en duda el hecho de que en la novela no se pueda hallar nuevos temas participan de un nuevo planteamiento sobre el Arte y la novela en sí, en las primeras décadas del siglo XX. Esta receptividad en los nuevos planteamientos y en la aceptación y aperturas a los experimentos literarios, que serán definidos como vanguardismo cosmopolita, se dinamiza por un interés mutuo por ambos lados del océano. Tal aspecto se confirma con una circulación de revistas latinoamericanas como Amauta, o de dimensión internacional, pensamos en el primer número de Creación dirigida por Huidobro, la cual fue publicada en Madrid y luego el segundo número en París bajo el título de Création Revue d’Art. El caso de Huidobro es muy significativo respecto a ese dinamismo en las participaciones de autores latinoamericanos en las revistas españolas y francesas. En 1920 Huidobro colabora, en París, por ejemplo junto a Amédée Ozenfant y Le Corbusier en L’Esprit Nouveau – revista dirigida por Paul Dermée –, así como en La Bataille LittéraireLa Vie des Lettres… El poeta chileno escribe también para las revistas ultraístas españolas: GreciaCervantes…, revistas que participan de esta circulación como «núcleos colaboracionistas» importantes en el proceso de renovación estética de las letras hispánicas. Pero junto con estas revistas hispanas, no se ha de mermar importancia a las revistas francesas como la Nouvelle Revue FrançaiseLe Mercure de FranceNord-Sud en la cual participó también Huidobro.

Desde París, recordemos que el interés por las letras hispánicas y más precisamente hispanoamericanas se percibe a finales del XIX y principios del XX y dos razones se destacan para explicar tal proceso. Por una parte, los intelectuales hispanoamericanos se formaron bajo la influencia de la cultura francesa lo que despierta en ellos la necesidad, la voluntad de introducirse en el ámbito literario francés, para «despertar su interés y granjear su aprobación». Por otra parte el contexto literario francés es favorable, ya que muchos intelectuales galos se interesaban, en aquel entonces, por las literaturas extranjeras poco conocidas y con la importante presencia de latinoamericanos en Francia, la literatura hispanoamericana va a tomar más relieve. Se concretiza tal interés con el aumento a principios del siglo XX de publicaciones de obras hispanoamericanas en Francia y la creación del Bulletin de l’Amérique latine que se transformará en La Revue de l’Amérique latine gracias a Ernest Martinenche, una de las personalidades con Georges Pillement que más obró entonces en el acercamiento entre los intelectuales franceses y latinoamericanos. Tal interés se mantiene y toma un nuevo rumbo en el reconocimiento de las letras hispanoamericanas con la sección permanente llamada Lettres latino-américaines dedicada especialmente a las letras hispanoamericanas en la prestigiosa revista Le Mercure de France. Esta revista con numerosos lectores galos también es leída fuera de la metrópoli permitiendo hacer conocer las letras hispanoamericanas en países y zonas geográficas insospechadas. En los cimientos de esta apertura a las letras hispanas que se inicia en el Mercure de France con la primera sección Letras latinoamericanas en 1897, se halla el que será considerado como el mentor de una generación de jóvenes escritores de principios de siglo XX, Remy de Gourmont. Este interés decae por razones que podemos entender durante la Primera Guerra Mundial y que corresponde también a la muerte de Remy de Gourmont en 1915 y toma un nuevo rumbo en el periodo llamado « les années folles ».

Es importante destacar también cómo en el ámbito francés se integra América Latina dentro de un contexto histórico determinante para su reconocimiento. En efecto, si seguimos el ejemplo del Mercure de France, durante la Primera Guerra Mundial, el responsable de la sección Lettres hispano-américaines, el chileno Francisco Contreras insiste sobre los vínculos que unen Francia con la América hispana ya que consideraba que:

Si la América española es, por la sangre la hija de España, por el pensamiento ella es la de Francia. El espíritu de la grande nación latina ha formado la mentalidad del Nuevo Mundo hispano, inculcándole sus ideas, sus gustos, sus aspiraciones superiores.

Este pensamiento se mantiene muy presente entre la élite hispanoamericana como ya lo veremos, pero se ha de valorar en un contexto bélico entre Francia y Alemania. Aludiendo a Francia como nación latina se afirma su apego, su solidaridad y admiración y su alejamiento del mundo germano. Contreras asienta su interpretación invocando a José Enrique Rodó cuando éste alude a la importancia que tuvo Francia, que llama también la grande nación latina, la cual guarda en la conciencia latinoamericana, lo cito:

su triple prestigio de su latinidad dirigente, de la magistratura intelectual que ejerció en nuestra cultura y de la tradición de libertad encarnada en su grande revolución, madre de la nuestra, y en el arraigo triunfante de sus instituciones democráticas.

La misma reivindicación de filiación encontramos en Rubén Darío en su crónica política titulada «De la influencia alemana en la América Latina» en la que el poeta mermaba la influencia germana en el continente americano:

Toda gran voz humana se ha hecho oír en Hispanoamérica por el órgano de Francia. La América Latina, desde la revolución, ve en Francia su verdadera madre patria… En los medios intelectuales, las miradas no se vuelven hacia Berlín ni hacia Roma, sino hacia París.

Se reconoce así toda la importancia que tuvo Francia para Darío y para el movimiento modernista en general. Pero en este caso se trata más bien de un modernismo extremo que defendía el hecho que se tenía que «insistir sobre la importancia de la asimilación de la influencia francesa para el desarrollo y el enriquecimiento» ya que permitía así integrar las corrientes contemporáneas de las letras universales. Varios intelectuales como el escritor, periodista y político venezolano Pedro Emilio Coll, el fundador de la revista Cosmópolis, y el otro modernista más conocido, Leopoldo Lugones, que colaboraron en la revista Mercure propusieron ampliar la influencia francesa estrechando los vínculos en el campo comercial, industrial y agrícola pensando así que la intrusión gala sería benéfica para las jóvenes repúblicas y para el «viejo» país europeo. Estos modernistas se consideraban formando parte de la « raza latina » cuyo representante más destacado era Francia. De hecho, el país galo debía asumir este rol de líder de la latinidad y responder a este apego de las jóvenes repúblicas latinoamericanas por un interés mutuo que no tenía que resumirse a una mera influencia en las letras. Claro que este acercamiento anhelado se hace de manera concomitante con un temor al imperialismo de los Estados Unidos, un temor que no decae en las dos décadas del 20 y del 30, temor más bien que se afirma con la personalidad del redactor de la revista francesa Le Journal, Maurice de Waleffe. Este último, granjeando la simpatía y solidaridad de muchos intelectuales latinoamericanos en Francia, va a luchar contra la importancia que toma el mundo anglosajón con la fundación y organización de los congresos de la Prensa Latina. En estos congresos que se reunieron hasta 1930, se defendía el pensamiento de la latinidad para contrarrestar no sólo la influencia del mundo anglosajón sino también del mundo germano y eslavo, a los que consideraba entonces Maurice de Waleffe como los tres colosos del Norte.

Pero si volvemos al campo literario, sobre la aceptación total o parcial de la influencia francesa en las letras hispanas, el tema era de interés candente ya que algunas voces ya temían que la cultura francesa fuera un obstáculo al desarrollo de una literatura hispanoamericana original y autóctona. Tal reproche ya se perfiló respecto a la generación de los poetas modernistas ecuatorianos con la generación llamada «generación decapitada».

Los modernistas ecuatorianos rechazan cierta rigidez en la dimensión moralizadora y didáctica de las obras románticas ancladas en una realidad más bien autóctona. Pensamos por ejemplo en la obra de Juan León Mera: Cumandá, obra también con una impronta francesa recordada por el autor al referirse a Atala de Chateaubriand. Es una de las novelas más representativas del romanticismo latinoamericano y en ella Juan León Mera hace la apología de los valores de la Iglesia cuya importancia se encuentra entonces conmovida por los movimientos liberales. Los modernistas no rechazan la influencia del romanticismo francés, pero reivindican más bien la autonomía del Arte, la libertad de la individualidad creadora y la inserción de lo «nuevo». Los modernistas ecuatorianos oponen también la belleza del Arte, la espiritualidad al materialismo y al utilitarismo de la sociedad.

Es ya lo que se perfilaba, por parte de ciertos sectores culturales, en los reproches a los poetas modernistas ecuatorianos: un afrancesamiento demasiado refinado con una escritura demasiado ajena a una realidad autóctona, con una falta de compromiso del Artista para con la sociedad así como el rechazo de la «función social de la literatura». El «desencuentro» con lo que será considerado como «esnobismo» francés se mantendrá en algunos poetas de la generación posterior a los modernistas.

Entre esa generación posterior a los poetas modernistas destaca la figura de Alfredo Gangotena, el más afrancesado de los poetas ecuatorianos de la década del 20. Representante de la aristocracia terrateniente ecuatoriana, Gangotena llega con 17 años recién cumplidos a París, en 1920, con toda su familia para completar estudios en Francia y mantener así la tradicional estancia en Europa, y de preferencia en la Ciudad Luz, como viaje iniciático propio de las grandes élites latinoamericanas.

El viaje a París se inscribe entonces dentro de una profunda tradición que asienta y consolida en su impronta francesa los cimientos y las fronteras sociales en el nuevo continente, cimientos que, como lo precisa Adriana Castillo de Berchenko, transcienden en América Latina las diferencias meramente económicas como parangón social:

Y es que el viaje a Europa, la permanencia prolongada en el extranjero así como la consecutiva formación parisina de hijos e hijas confirman no sólo la pertenencia a un grupo social privilegiado en el propio país, sino también – y simultáneamente – su condición esencial como formando parte de la élite. Elite que se reconoce ingénita y consubstancialmente a sí misma en una espiritualidad francesa.

Alfredo Gangotena conocía a Jules Supervielle (los Supervielle eran buenos amigos de la familia Gangotena), Paul Bar, Pierre Louis Flouquet (el editor belga de Nuit ‘Noche’), Jean Cocteau y claro Henri Michaux. Como lo confirma Adriana Castillo de Berchenko, respecto a la integración de Gangotena en el círculo de los intelectuales franceses y belgas:

En Francia son los años en que la ideología de la latinidad ha prendido en los espíritus. El mundo intelectual y político francés reconoce, entonces, en esos ricos hispanoamericanos, los herederos lógicos de la esencia latina. Se les denomina, por ende, naturalmente latinoamericanos.

Cabe destacar entre los ecuatorianos que mantuvieron y facilitaron los intercambios y la integración en los círculos intelectuales, las figuras de Benjamín Carrión y de Gonzalo Zaldumbide. Fue Gonzalo Zaldumbide quien, como defensor del «espíritu de la latinidad» introdujo a Gangotena en los medios intelectuales de los latinoamericanos en Francia. Recordamos que fue también él quien plantea de nuevo el problema en la revista Revue de l’Amérique latine (primer número enero 1922), de cómo puede desarrollarse la literatura latinoamericana después del agotamiento del modernismo. ¿Cómo cumplir con una especificidad latinoamericana cuando sus principales escritores son muy impregnados por Europa? Para él, el escritor latinoamericano ha de revelar al mundo un alma, una naturaleza original y los escritores pueden conseguirlo valiéndose de formas europeas o un espíritu europeo. Claro que no todos abundaron en esa interpretación pero Gangotena integró este espíritu europeo. El poeta ecuatoriano, conforme se impone el francés en su campo expresivo y lírico, se integrará más entrañablemente en los círculos literarios del franco-uruguayo Jules Supervielle, de Jean Cocteau y de Max Jacob. Este último será su primer mentor y sus consejos en el campo de la lírica asentarán la presencia del ecuatoriano en la poesía francesa. Pero cuando el poeta ecuatoriano de expresión francesa, celebrado en el ámbito parisino, regresará a Ecuador se olvidará que Gangotena escribe también en español y su afrancesamiento, en los años 30, actuará para una nueva generación de escritores ecuatorianos más volcados en la política, como un estigma excluyente. Ocurre entonces en Ecuador un cambio entre los años 20 y 30 con una politización más fuerte del campo literario. Varias razones pueden explicar tal cambio.

Primero se puede hablar de un cambio más bien generacional en los nuevos actores que se imponen en el panorama literario ecuatoriano. Una nueva generación de escritores conscientes de pertenecer a una clase social «intermediaria» entre la «aristocracia» y la «alta burguesía» (estratificación en realidad mucho más compleja) serán receptivos a los cambios sociales y políticos más en adecuación con un nuevo «orden mundial». Estas aspiraciones han de promover un nuevo planteamiento del acto literario con una renovación de sus propuestas literarias. En la búsqueda de estas propuestas van a integrar las vanguardias europeas, recuperando este aporte cosmopolita a la élite tradicional ecuatoriana. Pero es la dimensión «revolucionaria», en su sentido más amplio, y el abanico de las posibilidades formales los que van a atraer a esa nueva generación. El dadaísmo, cubismo, expresionismo, futurismo se encuentran comentados en las revistas, integrados en las ilustraciones, directamente o más bien indirectamente insertas en las obras pero sin realmente proponer una corriente precisa entre las novelas o cuentos publicados en los años 20. En efecto, se podría hablar más bien de «Pirotecnia: he ahí la simbólica del arte contemporáneo» para recobrar la expresión empleada para anunciar el segundo número de la revista ecuatoriana vanguardista Hélice. Así que aunque la integración de las propuestas vanguardistas se presenciaba ya en el modernismo, se impone «como praxis de una aspiración de universalidad y anhelo de comprensión del Otro (deseo de borrar diferencias, fronteras, prejuicios e incomprensiones), se impone como un objetivo ético y estético fundamental de la nueva era». Pero se asume y reivindica su valor «revolucionario» arremetiendo contra los valores considerados como burgueses. El propósito incluye también el hecho de perturbar al «burgués».

La literatura, el arte en general no tiene que confortar al lector, aquí al burgués, involucrándolo en un mundo que dista mucho de la realidad socioeconómica del Ecuador y que lo tranquiliza en sus propios valores burgueses. Si tomamos el ejemplo de los escritores Pablo Palacio y Humberto Salvador, que forman parte de esta nueva generación de escritores, la literatura tiene que eximirse de su herencia romántica y alcanzar un valor perturbador, es decir un valor revolucionario: «ser un puñal de la bomba anarquista de la vida…».

Uno de los más grandes defensores de una radicalización de la literatura, haciendo de ella una literatura de denuncia social, será el escritor ecuatoriano Joaquín Gallegos Lara. Para Gallegos Lara, representante del partido comunista, la literatura ha de servir una ideología y eso según criterios estéticos que también han de acercarse de la novela revolucionaria rusa.

Entonces, en los años 30 el cosmopolitismo estético de los años 20 será considerado por sectores más radicales de la intelligentsia como una muestra de la decadencia del mundo burgués. La única estética que pueda mejor integrar esta dimensión política, revolucionaria, será el «realismo social» o también llamado el «realismo socialista», el único idóneo para expresar «lo propio», lo ecuatoriano, un movimiento estético que «respondiera a los problemas populares, que expresara las necesidades y expectativas espirituales de las mayorías y que informara la idiosincrasia propia. De hecho, al imponerse el realismo social, se establece de cierta manera una «reubicación del poder político y cultural». Se desconfían entonces de los experimentalismos formales, de las especulaciones estéticas propuestos desde Europa, desde Francia al ser demasiado burgués, aunque se mantenga el interés por el país, así como por todo el continente europeo en general. Creación literaria y compromiso político se harán de manera cada vez más orgánicamente vinculadas, muchos escritores ecuatorianos de la «generación del 30» se alistarán en el partido socialista creado en 1926 o en el partido comunista creado en 1931, y van a defender sus ideas en las sociedades de escritores.

Al nivel continental se puede percibir la influencia, entre otros, de José Carlos Mariátegui en la radicalización del acto literario. Recordemos su ensayo «El proceso a la literatura francesa contemporánea», en el cual comenta un artículo de un crítico Emmanuel Berl: «Premier pamphlet. Les littérateurs et la Révolution» (Primer panfleto. Los literatos y la revolución), estudio publicado en la revista Europe. Mariátegui está de acuerdo con Emmanuel Berl cuando dice:

La literatura conformista de la Francia contemporánea se siente superior y extraña a la ideología. No por eso está menos saturada de ideas, menos regida por impulsos que la conducen a un total acatamiento del espíritu reaccionario y decadente de la burguesía que traduce y complace.

Mariátegui considera que Giraudoux o Cocteau obedecen al gusto del público burgués, manteniendo así ciertos valores. El ensayista peruano reprocha de manera general la postura del intelectual no lo suficientemente comprometida como para unirse al proletario y promover la Revolución. Condena cierta distancia, cierto esnobismo del intelectual y desconfianza en la ideología. Para Mariátegui, el marxismo no es un obstáculo a la lucidez, según él «El intelectual necesita apoyarse, en su especulación, en sus creencias, en un principio, que haga de él un factor de la historia y del progreso.»

Mariátegui va a defender su postura mediante su revista Amauta, revista creada en 1926 que tuvo mucho impacto entre los intelectuales y escritores de la generación del 30 en Ecuador tanto como en todo el continente. Mas no sólo defendió su postura ya que la revista registra nombres de «todas las latitudes», personalidades latinoamericanas de todos los países, tanto como europeos manteniendo así esta ventilación de ideas entre ambos lados del océano, manteniendo estas miradas cruzadas que se nutren mutuamente.

Después de una estancia de 3 años por Europa, Mariátegui va a declarar al regresar al Perú en marzo del 1923:

Nos habíamos entregado sin reservas, hasta la última célula, con un ansia subconciente de evasión, a Europa, a su existencia, a su tragedia. Y descubríamos al final, sobre todo, nuestra propia tragedia, la del Perú, la de Hispanoamérica. El itinerario de Europa había sido para nosotros el mejor y más tremendo descubrimiento de América…

Difícil es medir el impacto de la cultura francesa en los escritores latinoamericanos, pero podemos retomar el ejemplo de Alfredo Gangotena citando a Adriana Castillo de Berchenko: «es el resultado, perfecto en su complejidad, de un fino y enrevesado juego de trasvasijamientos culturales múltiples». Y se trata efectivamente de trasvasijamientos culturales múltiples en el caso de muchos escritores latinoamericanos que intentan asentar esta riqueza en un contexto más latinoamericano.

Pierre Lopez
Aix Marseille Université, CAER (Centre Aixois d’Études Romanes), EA 854, 13090, Aix-en-Provence, France.

Votre commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l’aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l’aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l’aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

Connexion à %s

%d blogueurs aiment cette page :