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Herman Schwarz, « Fotógrafos franceses en el Perú del siglo XIX », Bulletin de l’Institut français d’études andines [En línea], 36 (1) | 2007, Publicado el 01 mayo 2007

 

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RÉSUMÉ

C’est à l’aube de l’indépendance du Pérou de la domination espagnole (1821) que la photographie est inventé en France (1839). Sa patente est achetée et partagée avec le monde (sauf l’Angleterre) par le gouvernement français. Le Pérou est en pleine prospérité économique due à l’exploitation du guano, ce qui fait de Lima un endroit intéressant pour ce nouveau marché.

C’est en 1842 que parvient le premier daguerréotype au port de Callao. Il marque l’installation des premiers photographes français (1844-1855) : Philogone Daviette, Furnier, A. de Lattre, Amic Gazan et Émile Garreaud. Ce dernier abandonna la technique du daguerréotype et difusa la nouvelle méthode du collodion humide (négatif sur verre) qui permet, à la différence de la copie unique de la première, la reproduction de l’image à l’infini.

En 1860 le studio Nadar de Paris était à la mode en France, tandis qu’à Lima ouvre ses portes le luxueux studio de son correspondant Eugène Maunoury qui rend populaire la carte de visite. En 1865, son ancien ouvrier, Eugène Courret lui achète son capital et transforme le studio en celui qui sera le plus important de la seconde moitié du XIXe siècle jusqu’à sa fermeture définitive en 1935.

Ses archives contiennent une partie de l’histoire graphique du Pérou : l’expultion définitive des Espagnols des côtes péruviennes (bataille du 2 mai 1866), l’exploitation du guano des îles Chincha, la guerre avec le Chili et les personnages les plus importants de l’époque passèrent par le fameux studio liménien. Au cours des années 1980 la Bibliothèque Nationale du Pérou acquiert une partie de l’Archive Courret (55 000 plaques).


Plan de l’article

  • 1. Primeros estudios sobre la historia de la fotografía peruana
  • 2. La era daguerreana (1839-1859)
  • 2. 1. París, 1939 2. 2. Lima, 1840
  • 3. La era de la Carte de Visite
  • 3. 1. París, 1854
  • 3. 2. Lima, 1862
  • 4. El despegue de los hermanos Courret
  • 5. El archivo Courret

PREMIÈRES PAGES

1. Primeros estudios sobre la historia de la fotografía peruana

Fue solamente en los años 1970 que se iniciaron estudios sobre la fotografía peruana. El pionero fue Keith McElroy, de la Universidad de Nuevo México, quien investigó a los primeros fotógrafos que trabajaron en el Perú y, finalmente, por qué Lima fue una plaza importante para el auge de los grandes estudios fotográficos a mediados del siglo XIX. La tesis con la que McElroy obtuvo su grado de Ph.D. se titula: La Historia de la Fotografía en el Perú en el siglo XIX: 1839–1876. El documentado trabajo de McElroy fue publicado en inglés en 1977. Años después, Liliana Peñaherrera obtendría el grado de Bachiller en Historia con la tesis: Un documento histórico: la fotografía en el Perú (1895-1919) (Peñaherrera, 1983).

Un notable esfuerzo que hay que destacar es el del Museo de Arte de Lima, que con el apoyo de la Fundación Telefónica montó en 2001 la exposición más importante hecha en el país sobre la historia de la fotografía peruana, labor redondeada con la publicación del libro La recuperación de la memoria, 1842–1942. Esta muestra, en realidad, tuvo dos partes: en la sala de exposiciones de la Telefónica se expuso «Martín Chambi y sus contemporáneos» y en el Museo de Arte de Lima «El primer siglo de la fotografía. Perú 1842-1942» (Majluf & Wuffarden, 2001).

A esta sucinta relación de trabajos que han aportado al develamiento de la historia gráfica peruana debemos añadir el libro de Guillermo Thorndike, publicado en 1979, Autorretrato. Perú 1850-1900, con imágenes inéditas, hasta ese momento, del Archivo Courret (Thorndike, 1979).

Esta pequeña introducción es un reconocimiento a estos historiadores y escritores por su aporte a las investigaciones sobre la historia de la fotografía peruana. Nos podemos imaginar las enormes dificultades que deben haber pasado para obtener toda la información lograda, donde a la falta de datos en los archivos encontrados, sin testimonios directos de los mismos fotógrafos estudiados (documentos como cartas o diarios), se suma la inexistencia de entrevistas a estos mismos en los medios de prensa, y las condiciones climáticas de Lima, cuya humedad fácilmente llega al 100 %, y que ha sido la causante de la destrucción de gran parte de las imágenes que conforman la historia gráfica peruana.

Pero hay que decir algo: el peor mal que nos aqueja es la desidia, esa desidia que todo lo destruye. La misma desidia que llevó a los descendientes de la familia del extraordinario fotógrafo Sebastián Rodríguez a botar sus cajas con las placas negativas de vidrio al basural de la pampa de Morococha, donde Fran Antmann se enteró que un grupo de chiquillos se había dedicado a reventarlos a pedradas. La misma desidia que llevó a la familia del fotógrafo Cesáreo Mosquera de Iquitos a tratar de entregar infructuosamente a la Municipalidad de esta ciudad ocho cajones de madera con los negativos de vidrio de varios fotógrafos entre los que se encontraban los de Victoriano Gil, Almenara y Lira entre otros, porque no sabían que hacer con ellos. Cuando don Joaquín García, sacerdote español y director del CETA, acudió donde esta familia, allá por el año 1868, le dijeron que, como nadie quería los negativos, los tiraron al río. Y esto no fue una metáfora.

Por lo tanto, estos investigadores debieron superar las frustraciones del maltrato cotidiano a la cultura expresada en estos actos y rebuscar en los archivos de las bibliotecas más importantes, en las colecciones privadas y publicaciones de época, para ir rescatando y armando, como un gran rompecabezas, esta historia del olvido. De los primeros daguerrotipistas no ha quedado obra tangible, porque las técnicas primitivas, acompañadas de la inclemencia del clima limeño, han borrado —literalmente— sus imágenes de la historia. Y de los que han sobrevivido, pocos daguerrotipos llevan el sello del autor.

El siguiente texto se ha elaborado en base a las investigaciones que he mencionado aquí, donde se destaca la participación de los fotógrafos franceses. Omitiremos, por esa razón, a los otros fotógrafos extranjeros y nacionales de la época, sin que por ello se desmerezca su aporte a nuestra historia gráfica.


2. La era daguerreana (1839-1859)
2. 1. París, 1939

Este fue un año clave en la historia de la Fotografía, porque ese mismísimo año Henry Fox Talbot en Inglaterra y Louis Jacques Mandé Daguerre, en Francia, presentaron sus descubrimientos fotográficos en sus respectivos países. Fox Talbot descubrió el proceso negativo positivo y la fotografía sobre papel. Con el método de Daguerre se conseguía una copia única sobre una plancha de metal. Siendo justos, debemos admitir que, a pesar de los esfuerzos y méritos de otros pioneros, el que demostró un mayor grado de perfección en su técnica fue el daguerrotipo.

Ante estas circunstancias, las Academias de Ciencias y Bellas Artes se reunieron, en acto oficial, el 19 de agosto de 1839 en el Instituto de Francia, y fue el científico François Arago quien proclamó al mundo el nacimiento de la fotografía. El hecho de que el Estado francés le haya comprado a Daguerre su invento hizo posible que, al día siguiente del anuncio oficial en París, el mundo entero se fuera enterando al detalle de los minuciosos procedimientos del daguerrotipo y se lanzasen a tratar de fijar en estas brillantes planchas de metal todo lo que fuese posible de ser fotografiado. Cabe resaltar que el único país excluido de esta donación francesa fue Inglaterra, donde Daguerre había patentado su invento apenas cinco días antes de su develamiento (Frizot, 1976: 26).


2. 2. Lima, 1840

«Creo que la circunstancia que reanimó fundamentalmente el interés europeo por el Perú en la segunda mitad del siglo XIX fue el auge de la explotación del guano. Los franceses fueron los primeros en conocer las ventajas del nuevo producto divulgando su importancia para la economía agrícola de la época. El nombre del Perú volvió a ser sinónimo de riqueza, adquiriendo el prestigio equívoco que en su hora hubieron de gozar California y las minas de Sudáfrica». (Macera, 1976: 136)

Entre ellos se encontraba, según el estudioso norteamericano Keith McElroy (1977: 428), el primer miembro de la familia Courret, don Francisco Courret, veterano de la batalla de Waterloo, quien establece ese mismo año, en la ciudad de Lima, un negocio de venta de productos y exquisiteces importadas de Francia.

Conocido como «La mampara de bronce», este negocio también funcionó como agencia de bienes importados, vinculada a algunas compañías navieras francesas. En una compilación de varias listas de aduana podemos encontrar los siguientes productos: vino Burdeos, coñac, papel pintado, figuras de cartón para modistas, lunas de espejo, plumas, bombas de cristal para lámparas, candeleros, cerveza, lamparitas para velar, relojes de sobre mesa, casimir labrado, terciopelo, botones de seda y cuerno, cocos negros y blancos para forros, flores de mano, pañuelones de casinete, santos de barro con sus cilindros de cristal, agua de lavanda, chicha de uva, cebada, harina greda o tiza, varias frioleras de música, almas de silla para montar, arneses para birloche, calienta pies, cubiertos de fierro, libros impresos, semillas de flores, sarga corchetes, piedra de enlozar, bastones, fusilitos para niños y una variedad de artículos más (McElroy, 1977: 461).

Según se anunció en el diario El Comercio en 1842:

«Hasta ahora, no se han hecho ensayos de este descubrimiento portentoso en esta capital o si se han hecho, no habían salido con el fin propuesto. Pero el señor Maximiliano Danti, recién llegado de Francia con un daguerrotipo que sabe manejar perfectamente, ha hecho ya numerosas pruebas, y todas le han salido muy bien».

Esta nota salió publicada el 8 de julio de ese año y tuvo como título «Daguerrotipo» (El Comercio, 8 de julio de 1842: 4).

McElroy nos hace notar la importancia de la fecha inaugural del establecimiento de Danti a una cuadra de la Plaza de Armas. Resulta que el primer estudio en el mundo se abre en la ciudad de Nueva York, en marzo de 1840; el primero en Europa (en Londres), en marzo de 1841, el mismo año que en París. Sin embargo, en Berlín recién se abre un estudio en agosto del 1842, un mes después del estudio de Danti. Por lo tanto, sostiene McElroy, no existió ningún retraso ni cultural ni comercial frente a Europa en cuanto a lo que a fotografía se refiere.

El segundo daguerrotipista llegado a Lima fue el francés Philogone Daviette, quien estuvo activo entre 1844 y 1846. Este año le tomó la posta otro francés: Furnier, quien se presentó sólo con el apellido y como el «daguereotipógrafo de París» (sic). Su estudio se encontraba en la Plazuela de San Agustín y en sus avisos publicitarios destacaba que incluso hacía fotografía post-mortem «… como es costumbre en Europa hoy en día» (El Comercio, 27 de marzo de 1846: 4).

Otro figurante de esta historia, de origen francés, fue A. de Lattre, quien se presentó primero como pintor de miniaturas y luego como daguerrotipista, quien tuvo una corta estadía en Lima, entre 1845 y 1846. Aseguraba que sus imágenes demandaban solo quince segundos de toma debido a que usaba un novísimo y mejorado método que practicaba.

En 1855, Amic Gazan y su familia llegaron al Callao, procedente de Francia, acompañado de Emilio Garreaud. Al año siguiente, en febrero, estaban inaugurando el estudio «Fotografía de París» (McElroy, 1977: 407). La palabra fotografía era nueva y se usó para diferenciarse de los que hacían daguerrotipos y ambrotipos. Tras la partida de Gazan, el estudio se convertiría en 1858 en solo E. Garreaud y Cia. En setiembre de ese año, Garreaud publicaba en un aviso en El Comercio lo siguiente:

«Ya en las ciudades de Europa nadie piensa hoy más en hacerse retratos al Daguerrotipo o Ambrotipo por ser estos perecederos y tan duros de perfil, y sobre todo por ese deslumbre desagradable a la vista con que salen siempre los vidrios y planchas cuando se emplean estos antiguos y obsoletos métodos».

En julio de 1859 arremetía con otro del mismo calibre: «¿Quién pensaría todavía en dejarse retratar en daguerrotipo? Estamos seguros que nadie…», decía Garreaud (El Comercio, 7 de junio de 1859: 1).

Las sucesivas ampliaciones de los estudios, así como las compras de equipos, eran parte de la competencia de los estudios, la que llegó a su punto más candente cuando Garreaud abre un nuevo y tal vez el más grande y lujoso estudio de Lima. Los avisos publicados por Garreaud, en 1859, alcanzaron niveles récord de espacio en su época y poco antes de la inauguración del nuevo local llegó a publicar hasta tres avisos en la misma edición. Bajo circunstancias aún no esclarecidas, Garreaud abandona el estudio y al año siguiente se estaba estableciendo en Chile, donde llega a abrir sucursales en Valparaíso, Santiago, Copiapó, La Serena, Talca y Concepción (Majluf & Wuffarden, 2001: 62).


3. La era de la Carte de Visite

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