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CHRISTLIEB, Federico Fernández. La influencia francesa en el urbanismo de la ciudad de México: 1775-1910 In : México Francia : Memoria de una sensibilidad comun siglos XIX-XX. Tomo I [en ligne]. Mexico : Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1998  http://books.openedition.org/cemca/4077 ISBN : 9782821855649

L’influence française dans l’urbanisme de la ville de Mexico : 1775-1910
Federico Fernández Christlieb

p. 227-265


RESUME

Le tracé du Paseo de Bucareli en 1775 inaugure l’urbanisme d’influence française dans la capitale de la Nouvelle-Espagne. Paris est alors -grâce aux ouvrages réalisés depuis l’époque de Louis XIV- une espèce de synthèse de l’urbanisme occidental, nourri de l’Antiquité classique et de la Renaissance italienne. Les traits saillants de ce genre d’urbanisme sont essentiellement l’usage de la ligne droite et le respect de la symétrie, l’homogénéité et la géométrie régulière dans les formes urbaines. Il s’agit, entre autres choses, de privilégier la perspective. La renommée de Paris augmente encore à la suite des travaux entrepris par le préfet Haussmann durant l’Empire de Napoléon III : s’ajoute alors à la régularité de la forme un fondement hygiéniste et stratégique ayant pour but de protéger (et de contrôler) la population. Cependant, du fait des difficultés politiques et économiques que traverse alors le Mexique indépendant, l’influence française ne se fait pleinement sentir que sous le porfiriat, période pendant laquelle Mexico s’étend suivant les caractéristiques esthétiques et fonctionnelles citées plus haut. Cet essai évoque enfin deux autres aspects importants : la différence entre l’urbanisme et l’architecture néo-classiques, qui obéissent à des impulsions distinctes, et la périodisation de l’influence française à Mexico établie par l’analyse de la structure urbaine.


Plan

  • La creación de espacios: el urbanismo barroco francés (siglos xvii y xviii)
  • La centralidad (1775-1849): inicios del urbanismo neoclásico en México
  • La bipolaridad: el urbanismo del Segundo Imperio (1852-1876)
  • La extensión: urbanismo, historicismo e higiene en el porfiriato (1877-1910)
  • Recapitulación y conclusiones

EXTRAITS – paragraphes 1 à 12

Através de su historia, la ciudad de México ha contado con varios ejemplos de obras urbanas cuya influencia se reivindica como francesa. Se suele decir, por ejemplo, que el porfiriato es un periodo de arquitectura (y de cultura) afrancesada, lo cual no es inexacto si no fuera porque el término es sumamente vago. Hay vaguedad en las características de un supuesto estilo afrancesado, en la periodización (que por cierto no se restringe únicamente al porfiriato) y en las ideas que podrían dar origen a dicho influjo. En el presente artículo intentaremos determinar las características del urbanismo de influencia francesa practicado en México. Estableceremos las fuentes en las que a su vez se inspira el urbanismo francés y los canales por los cuales pudo influir sobre los urbanistas de la ciudad de México desde finales del siglo xviii hasta principios del xx. De igual forma, esbozaremos una periodización del ascendiente francés en el urbanismo mexicano tomando en cuenta la estructura general de la ciudad: una primera etapa estará caracterizada por una urbe centralizada en torno a un punto. Más tarde veremos cómo la ciudad se bipolariza y en un tercer momento asistiremos a su extensión geográfica y a su desconcentración.

México ha sido siempre una ciudad cosmopolita. Ser cosmopolita en el siglo xix quería decir abrir la mente a lo que se producía en Francia. Este país era el laboratorio cultural de Occidente y su cultura juzgada como de punta en el hemisferio. Por esta razón, hablar de influencia francesa es hablar de la influencia que ejerció toda Europa sobre México en un momento dado y que se transmitió a través de los franceses o de personas embebidas en la atmósfera cultural francesa. Francia a su vez, reunía conocimientos con los que otros pueblos habían contribuido. Tratar de disgregar lo exclusivamente francés, como si se pudiera aislar del resto, nos llevaría a configurar un relato inútil, incompleto, fuera de todo marco histórico. Sin embargo, hemos aceptado hablar de influencia francesa con la condición de que se entienda, por un lado, que México no se alimenta sólo de Francia, y por otro, que Francia juega un papel condensador de la cultura occidental durante el lapso que hemos escogido para trabajar.

Las fechas que hemos fijado como límites del presente estudio, corresponden al tipo de urbanismo que algunos autores mexicanos han identificado como neoclásico.3 Creemos en la pertinencia de este término, no sólo porque describe de manera más precisa el tipo de urbanismo llamado afrancesado, sino porque evita fijar sólo en Francia la fuente de inspiración de los urbanistas de esa época. Al hablar de neoclásico, hablamos de una tradición que, si bien ubica a París como su ejemplo más acabado, no excluye a otras ciudades europeas de ser también estímulo para los edificadores mexicanos. En realidad, estas ciudades que sirven de modelo a México son a su vez objeto de la misma influencia arquitectónica o urbanística que toma a París por arquetipo.

Y para comenzar es necesario distinguir precisamente entre arquitectura neoclásica y urbanismo neoclásico. La distinción no consiste simplemente en separar los edificios en sí mismos (objeto de la arquitectura) de la ciudad como un conjunto (objeto del urbanismo). Debemos también saber que la arquitectura neoclásica no necesariamente obedece a las mismas ideas que dan origen al urbanismo neoclásico. Como lo explicaremos, este urbanismo es en México, un creador de espacios a través del uso de la perspectiva a gran escala. En este sentido, el urbanismo neoclásico mexicano está emparentado con el urbanismo barroco italiano y sobre todo con el urbanismo barroco francés, parentesco inimaginable en términos arquitectónicos; en arquitectura, el neoclásico mexicano es visto como una oposición al barroco. Adelante volveremos a hablar de este desfase entre arquitectura y urbanismo. Por ahora basta con decir que para nuestros fines, la arquitectura es un dato más del análisis urbano.

Nuestro análisis nos ha llevado a encontrar similitudes en la forma y en la función de los espacios de diversas ciudades. En este artículo nos interesa encontrar los vínculos entre Francia y México, pero para ello hemos tenido que rastrear los argumentos a los que los urbanistas franceses acudieron para justificar sus obras y proyectos; del mismo modo hemos rastreado el tránsito de esas ideas antes de que llegaran a América. Por ello hablaremos brevemente de otras ciudades europeas, especialmente italianas y españolas.

Después de considerar el urbanismo barroco francés, sin el cual no se comprende el urbanismo neoclásico, hablaremos del urbanismo mexicano de fines de la época virreinal y de principios del periodo independiente. Un apartado posterior tratará de los grands travaux de París en la época de Haussmann y de sus repercusiones y similitudes con las modificaciones de la ciudad de México en la segunda mitad del siglo xix, y finalmente abordaremos el urbanismo porfirista, un urbanismo marcado por el historicismo e influenciado por las ideas higienistas de los científicos franceses de aquellos tiempos.


La creación de espacios: el urbanismo barroco francés (siglos xvii y xviii)

En Francia, el término barroco tiene habitualmente una connotación negativa. Denota irregularidad, deformidad, incluso fealdad.4 No así en el resto de Europa donde se alude a las variantes de un estilo arquitectónico y, por extensión urbanístico, situado, según sea el caso, entre los siglos xvi y xviii. Homologar la arquitectura y el urbanismo de una época y calificar ambas actividades con un mismo adjetivo, con lleva el riesgo de confundirlas. En arquitectura, el barroco es profusión de imágenes y formas, miedo al espacio vacío, abigarramiento. En cambio, en urbanismo el barroco es regularidad, espacio abierto, austeridad. El urbanismo barroco es un ejercicio de creación de espacios en ciudades donde la traza irregular medieval restringe el campo visual. La enredada traza heredada de la Edad Media que caracteriza las ciudades europeas del siglo xvi impide mirar las fachadas y los monumentos que pudieran ser hermosos.

En cambio, la ciudad barroca es para admirarse. El urbanista barroco libera de obstáculos la mirada y genera amplias perspectivas; favorece la observación de largo alcance y da importancia al horizonte. No es gratuito que las primeras operaciones de ordenamiento urbano barroco se verifiquen en los jardines, donde los elementos vegetales y minerales pueden acomodarse con mayor facilidad y donde la vista se fuga ilimitadamente.

Más tarde, el urbanismo barroco se sirve de la misma línea recta para uniformizar las calles, demoler construcciones consideradas feas y estorbosas y abrir la perspectiva creando anchas avenidas cuyo remate visual suele ser un monumento. Después del jardín, las dos formas urbanas privilegiadas por el urbanista para conseguir ese efecto visual son la plaza y el paseo; de ellas hablaremos adelante.

Este es el tipo de urbanismo que se consolidó en Francia en el siglo xvii y que se depuró intensamente durante los siglos xviii y xix hasta el grado de hacerse una especialidad local. Es el urbanismo llamado clásico por los historiadores franceses, pero como bien dice el español Fernando Chueca Goitia, para un francés «la palabra clásico equivale a la de barroco para el resto de Europa». Al hablar de Francia, los términos «barroco» y «clásico» designan para nosotros el mismo tipo de urbanismo. Sin embargo, preferimos usar el vocablo «barroco» para no confundirlo con las ciudades griegas y romanas de la antigüedad, es decir, con el urbanismo propiamente clásico.

Y es que el urbanismo barroco francés recoge elementos de la antigüedad recuperados a su vez por el Renacimiento italiano. Durante el Renacimiento, se reconsidera precisamente el valor de las ruinas de la antigua Roma y el del tratado de Vitruvio, único texto escrito bajo el imperio (siglo I a. de C.) que aún se conserva. Brunelleschi y Alberti (1485) desarrollan la perspectiva, dan valor a la geometría regular en las formas urbanas y escriben, junto con muchos otros tratadistas, importantes reflexiones arquitectónicas y urbanísticas que serán retomadas para el ordenamiento posterior de las ciudades occidentales. Así pues, en el urbanismo barroco se encuentran decantadas (y acentuadas) muchas ideas del urbanismo renacentista. No sólo Francia practica este tipo de ordenamiento urbano; desde antes, otros países del sur y del centro de Europa lo desarollan con variantes locales.

Pero quizá el elemento más netamente francés del urbanismo barroco sea su carácter racionalista. Se le atribuye a Descartes la síntesis de una nueva racionalidad nacida a principios del siglo xvii. Pues bien, el filósofo francés dedica sus primeras reflexiones nada menos que al ordenamiento urbano. Para él, la razón no puede producir más que formas urbanas simétricas y ordenadas, mientras que el azar crea formas heterogéneas, mal compasadas, calles curvas e irregulares o series de edificios sin ninguna uniformidad. Propone que la obra de un solo urbanista puede dar resultados racionales mientras que la com petencia de varios da como resultado el tipo de ciudades desordenadas como las de su tiempo.

 

[…]


paragraphes 21 à 24

La España del siglo xviii, como la mayor parte del mundo occidental, se encuentra seducida por el esplendor de París, por Versalles y en general por el urbanismo barroco francés. Recordemos que desde 1700, la casa de Borbón encabezada por Felipe de Anjou, nieto de Luis xiv de Francia, reina en España. A partir de 1759, con Carlos iii se acentúa el ritmo reformador de los borbones y la tendencia despótica, ilustrada y profrancesa de la corte española. Las primeras grandes manifestaciones del urbanismo francés entran a la península Ibérica precisamente gracias a Carlos iii, quien promueve algunas transformaciones en Madrid.

El proyecto del Camino Nuevo (1761) para urbanizar la periferia de la capital constituye un ejemplo de geometría barroca francesa en el que se enlazan paseos y plazas para delimitar la ciudad. Pero el desarrollo urbanístico más claramente francés de la época es el ordenamiento del Paseo del Prado, también en Madrid. Las obras, que comprenden la regularización geométrica del paseo y la implantación de fuentes monumentales así como la construcción de edificios a ambos flancos, se iniciaron en 1768. Los edificios son, en su mayoría, hoteles particulares diseñados para la aristocracia española a semejanza de lo que ocurre en París. Aranjuez constituye otro ejemplo urbano español en el que un eje central y un tridente reordenan la ciudad a la manera en que Versalles fue planeado.

Ahora bien, recordemos que la ciudad de México forma parte del mismo reino de Carlos iii y posteriormente de Carlos iv. No sorprende, entonces, que las primeras obras de influencia francesa en la Nueva España sean precisamente algunos paseos en cuyos ejes destacaría más tarde la figura del rey de España. Este es el tipo de urbanismo mexicano al que llamaremos neoclásico.

El urbanismo neoclásico, es decir, el urbanismo practicado desde fines del siglo xviii, asume los valores estéticos hasta aquí descritos llevándolos a la exploración, si se nos permite decir, de una cierta pureza geométrica. Se trata de buscar una geometría más simétrica, más homogénea, más centralizadora, y por lo tanto (en términos simbólicos) más despótica, más racional, más clásica; por eso pensamos que el llamarlo neoclásico (nuevo-clásico) no resulta exagerado. El urbanismo neoclásico constituye pues, la exacerbación del urbanismo barroco en los términos que aquí lo hemos definido. Además, el neoclásico se nutre de un argumento nuevo: el poder del rey, por ejemplo en Francia, ha sido puesto en entredicho con la Revolución de 1789. Las plazas reales perderán sus nombres y en ocasiones sus estatuas. Paradójicamente, el argumento nuevo concluye en el enaltecimiento del emperador. Con su propia estatua montada sobre una columna, Napoleón i termina sustituyendo la figura real en la plaza Vendôme y ocupando el poder absoluto. No es gratuito que en dicha estatua Napoleón Bonaparte aparezca vestido de César romano; se trata de una muestra más de que el término neoclásico, para calificar al urbanismo de influencia francesa, es acertado.


La centralidad (1775-1849): inicios del urbanismo neoclásico en México

[…]


 

 

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