Monumento a Juan Santamaria, Alajuela, Costa Rica (resena historica)
Elaborado por la historiadora Laura María Rivera Figueroa Diseño: Sandra Herrera Morales Unidad de Análisis de la Gestión Parlamentaria Departamento de Servicios Parlamentarios Asamblea Legislativa2010

EXTRAIT, pages 11 à 14 : La estatua de Juan Santamaría


Monumento a Juan Santamaria, Alajuela, Costa Rica
Monumento a Juan Santamaria, Alajuela, Costa Rica

El Gobierno del Lic. Bernardo Soto Alfaro (1886-1889) dispuso, mediante el Acuerdo N.º LXXXIII del 8 de junio de 1887, erigir en la ciudad de Alajuela un monumento a la memoria de Juan Santamaría, para perpetuar de ese modo el recuerdo glorioso de aquel héroe de la Campaña Nacional de 1856.

 La decisión de la estatua reveló que el pueblo costarricense no fue un actor marginado como en los demás países centroamericanos, sino que supo levantar la bandera de la reivindicación de su propio héroe y darle su lugar aunque fuera de origen humilde.

 El 28 de julio de 1887, el Congreso Constitucional de la República asignó la cantidad de cinco mil pesos del tesoro público para auxiliar la construcción del monumento referido (Decreto No. L). Finalmente, por Acuerdo N.º CXCI del 22 de agosto de 1888, se dispuso que el monumento de Juan Santamaría se erigiera en una nueva plaza que se haría al sur de la plaza principal de Alajuela.

Arístide Croisy (1840-1899, sculpteur)
Arístide Croisy (1840-1899, sculpteur)

El diplomático costarricense Lic. Manuel María Peralta Alfaro encomendó al escultor francés Arístide Croisy, la elaboración de la estatua de Juan Santamaría. Arístide Croisy, de origen campesino, nació en Ardennés, región fronteriza del norte de Francia. La guerra franco-alemana de 1870-1871 que le tocó vivir marcó con fuerza al artista en sus temas patrióticos con los cuales triunfó en su brillante carrera artística. La estatua la fundió Durenne.

La estatua de Juan Santamaría se hizo de bronce indestructible para simbolizar la inmortalidad. En la estatua, el soldado Juan, en sandalias y sin dejar el fusil-bayoneta, levanta la antorcha. En los dos bajorrelieves adyacentes, firmados por Gustave Deloy, se le ve salirse del rango al hacerse la pregunta ¿quién quiere quemar el Mesón? Y luego, en el segundo bajorrelieve tiene lugar el incendio del Mesón y la muerte de Juan. El pedestal está rodeado de follajes de palmas, robles y laureles, símbolo de la gloria con el escudo de Costa Rica; las máscaras de leones representan la fuerza y la soberanía nacional. La inscripción reza así: “Juan Santamaría, 11 de abril de 1856. Monumento erigido por suscripción pública, con el concurso del gobierno, al héroe muerto por la patria en la Batalla de Rivas de la guerra nacional contra los filibusteros”.

Con dos cañones de 1886 —manufacturados en Francia— termina la configuración de un verdadero monumento democrático a los caídos, en donde sobresale la estatua de Juan Santamaría en su pedestal. Levanta la antorcha que fue real y también se vuelve símbolo de soberanía y libertad(5). El 15 de setiembre de 1891, durante la Administración del Lic. José Joaquín Rodríguez Zeledón (1890-1894), se inauguró la estatua de Juan Santamaría en la ciudad de Alajuela. Junto a la representación oficial exteriorizada en los discursos del secretario de Guerra, don Rafael Yglesias Castro; del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno, y del representante de la Municipalidad, don Marcelino Pacheco, en un mar de banderas, el pueblo acudió de muchos lugares de la República. Testimoniaba que antes había contribuido recogiendo dinero para financiarla, ahora exteriorizaba su júbilo por el reconocimiento definitivo al héroe nacional.

En los actos de la develización, participaron soldados veteranos de la Campaña Nacional de 1856-1857, los descendientes de don Juan Rafael y don José Joaquín Mora Porras, el descendiente del general José María Cañas, dignatarios de la Iglesia, cónsules extranjeros, miembros del Estado Mayor, periodistas, entre otros. Durante esta ceremonia impresionó vivamente, al grado que desde entonces vive en los labios de los costarricenses, el Himno a Juan Santamaría, compuesto en 1891 con letra de Emilio Pacheco Cooper y música de Rafael Chaves T., cantado por un coro de 125 estudiantes del Instituto de Alajuela, y luego, en otra versión compuesta por Pedro Calderón Navarro, cantada por un coro de cartagineses, pues la celebración tuvo un carácter nacional y no local.

Los sucesos de este día quedaron perpetuados por la pluma del poeta nicaragüense Rubén Darío, en el epinicio “¡Bronce al soldado Juan!” y en una brillante crónica periodística. Álvaro Contreras en su artículo titulado “Un héroe anónimo” explicó: “Ese soldado salvador fue Juan Santamaría, hombre de esos que nacen a la sombra de una sencillez cercana a la naturaleza, oscuro y humilde en la vida y superior y elevado en la muerte; hombre sin aurora en la cuna y de espléndido crepúsculo en la tumba; la suma probada de la más alta de las virtudes, el corazón y la voluntad del patriota que dignifica el nombre de la Patria y rinde por ella su existencia”.

Así, a partir del 15 de setiembre de 1891, vigilante, se yergue la estatua de Juan Santamaría para simbolizar a un pueblo que se levantó en armas para defender su libertad y su soberanía. De ahí que, año tras año, el pueblo de Costa Rica se congrega al pie de la estatua de Juan Santamaría para renovar su fidelidad a la tierra nativa y para honrar al héroe.

 

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